Para los cineastas mexicanos la Parca es su gran personaje

Desenfado hacia la muerte, a diferencia de otras culturas, donde el tema es tabú, para los realizadores de cine mexicano la Parca ha representado uno de sus personajes centrales a lo largo de la existencia de nuestra industria.
En ella se encuentran ejemplos muy representativos como: “El ahijado de la muerte” (1946), de Norman Foster; “Macario” (1959), de Roberto Gavaldón; “Purgatorio” (2007), de Roberto Rochín; “Lake Tahoe” (2008), de Fernando Eimbcke, y “SPAM” (2007), de Charlie Gore, entre muchos otros.
La filmografía sobre la muerte en el cine mexicano se ha nutrido a través de producciones como “La tía Alejandra” (1978), de Arturo Ripstein; “Hasta el viento tiene miedo”, en sus dos versiones (1968 y 2007), de Carlos Enrique Taboada y Gustavo Moheno, respectivamente,  y “Que vivan los muertos”(1997), Joaquín Bissner.

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